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El tapicero

Esta mañana fui al tapicero para recoger la funda de la sombrilla que tenemos en el jardín, que se rompió por el viento fuerte que hubo hace unas semanas.

El negocio es uno de los pocos que sobrevivieron a la crisis de estos años, es bastante chiquito y escondido y el dueño es un viejito muy amable.

No sabía si el dinero que tenía conmigo iban a alcanzar, así que pregunté al señor cuanto fuese la cuenta y le dije que habría vuelto a la tarde. Él insistió porque me lo llevara en seguida y me dijo de volver con calma mas tarde para pagar. Por supuesto volví después del almuerzo.

Quedé muy sorprendida: en un mundo adonde hay que tener cuidado por las estafas que se esconden a la esquina, existen todavía personas que se fían del prójimo.

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